Comenzamos el año, desmantelando una de las mentiras que pululan por las redes para desprestigiar al sector cárnico y hemos de decir que la carne española no está hormonada.

Se dice que la carne que consumimos está llena de hormonas y antibióticos perjudiciales para nuestra salud, esto es completamente mentira y las razones os las vamos a decir en este artículo.

Durante años los ganaderos incluían  hormonas en la alimentación de su ganado, para que este produjera más leche, de esta manera el ganado crecía más rápidamente y por lo tanto les daba más rendimiento en la producción de lácteos y carne.

En los años 90, la agencia europea de seguridad alimentaria presentó un escrito alertando de los riesgos para la salud que tenía el consumo de carne hormonada, dados los posibles efectos cancerígenos en los consumidores.

Durante años posteriores se ha mantenido esta advertencia en las revisiones realizadas, por ello la directiva 96/22/CE prohíbe terminantemente la utilización de hormonas en animales para consumo, salvo que estos estén sometidos a propósitos zootécnicos y terapéuticos bajo supervisión y control veterinario.

Actualmente se realizan análisis exhaustivos a diversas muestras de ganado y productos de granja de toda la unión europea (carne, leche, huevos…) buscando anomalías y restos de sustancias usadas ilegalmente.

En el último resultado publicado el año pasado sobre muestras del 2016, solo 96 muestras de cerca de 90.000 analizadas, no cumplían con la normativa. Por lo cual no tenemos que preocuparnos de estos bulos que circulan en la calle y redes sociales, diciendo que comer carne es perjudicial para la salud.

Nuestra carne no contiene hormonas

Por cierto, el agua que suelta la carne cuando la cocinamos no tiene nada que ver con que esta tenga hormonas, es por otra causa que hablaremos en el siguiente artículo.

Doña vaca comercializa a hoteles y comercios especializados en restauración, la mejor carne española de las mejores ganaderías nacionales.

Toda nuestra carne ha pasado exhaustivos controles de calidad para que llegue al cliente final en las mejores condiciones, manteniendo su frescura y sabor autentico y podemos afirmar que la carne española no está hormonada.